«Un interesante capítulo en la historia del libro: los prefacios de Aldo Manucio a sus ediciones de textos griegos y latinos»


Joaquín Villalba Álvarez
Talia Dixit. Revista Interdisciplinar de Retórica e Historiografía, n.º 12 (2017)




«La forma habitual que presentan los prefacios que Aldo antepone a sus ediciones es la de la epístola dirigida por lo general a diferentes personalidades de la nobleza, el clero o la cultura del momento.

»Entre los dedicatarios nobles destaca sobre el resto la figura de Alberto Pío, príncipe diletante de Carpi que fue antiguo alumno de Aldo y posteriormente su benefactor. A él dedica Aldo sus obras en trece ocasiones. Otros personajes de la nobleza a los que el editor escribe sus epístolas dedicatorias son diversos patricios venecianos -algunos de ellos reconocidos humanistas como Andrea Navagero-, así como diplomáticos de diversos países de Europa.

»Otras veces, los destinatarios de estos preliminares que escribe Aldo son figuras influyentes de la cultura de su tiempo, tales como filólogos y humanistas de renombre, muchos de ellos colaboradores habituales del editor, profesores de Humanidades o editores varios. Entre los dedicatarios aparecen nombres como el de Pietro Bembo, Pico della Mirandola, Jano Láscaris, Marco Musuro, Girolamo Aleandro, Iacopo Sannazaro, Daniele Clario, Giovanni Pontano, Giambattista Egnazio o Scipione Forteguerri, entre otros. Un caso especial, cuantitativamente hablando, es el de Marin Sanudo, cronista veneciano al que Aldo dedica numerosas ediciones de poetas latinos como Catulo, Tibulo, Propercio, Lucano y Ovidio, amén de las obras completas de Poliziano.

»Por último, entre las personalidades influyentes a las que van dirigidas estas epístolas dedicatorias figuran también altos cargos de la Iglesia. El más destacado dentro de este último grupo es sin duda el papa León X, al que Aldo ofreció su edición de las obras completas de Platón.

»Aparte de las epístolas dirigidas a una persona que acabamos de reseñar, encontramos numerosas advertencias al lector, que en muchos casos se dirigen de manera particular a los estudiantes. Esto ocurre fundamentalmente en aquellas ocasiones en que la obra prologada es un texto gramatical con unos destinatarios concretos, los aprendices de latín o griego. En algún caso, incluso, Aldo se dirige de manera directa a los profesores para exponerles unas cuantas consideraciones sobre cómo se debe enseñar la lengua latina a los jóvenes. Así sucede en el prefacio a sus Rudimenta grammatices Latinae linguae de 1501.

»En otros casos, los preliminares contienen advertencias y aclaraciones varias a propósito de eventuales errores que se han constatado en el momento de la publicación sobre los que el editor llama la atención del lector, o también sobre la existencia de diferentes versiones o variantes de un texto determinado.

»Finalmente, entre los elementos paratextuales que sirven de encabezamiento a las ediciones aldinas se hallan también composiciones poéticas de distinta extensión y contenido. En su mayor parte se trata de breves epigramas que Aldo compone en griego a algún amigo o al lector. También encontramos un sentido epitafio en trímetros yámbicos que el editor compone a su amigo Ercole Strozzi con motivo de la publicación de sus poemas y de los de su padre, Tito Vespasiano Strozzi, fallecidos ambos unos años antes.

»Tanto las cartas-prefacio como todas estas composiciones poéticas son una fuente de primera mano para corroborar la profunda erudición humanística del editor.

»En conclusión, debemos congratularnos de la aparición de estos dos volúmenes de la colección The I Tatti Renaissance Library (ITRL), una colección que año tras año va creciendo en prestigio por su interesante labor de difusión del gran acervo cultural renacentista. Su empeño por rescatar y remozar las obras de muchos humanistas que hasta la fecha carecían de ediciones y traducciones modernas nos ha permitido acceder a unos testimonios de gran valor que generalmente han pasado inadvertidos para el gran público por estar escritos en latín. A ello hay que sumar la pulcritud y corrección en la edición de los textos y la claridad de las traducciones, elementos que se han constituido en marcas distintivas de la serie.

»En este sentido, la decisión de los responsables de la colección ITRL de reunir nuevamente (en una edición moderna y con traducción al inglés) los prefacios que Aldo Manucio escribió como preámbulo al centenar largo de ediciones de textos clásicos y humanísticos salidas de sus prensas nos parece sumamente oportuna y provechosa. Los prefacios, en su condición elementos programáticos de importancia capital para comprender la propia historia de los textos, nos revelan una información de primera mano sobre las intenciones del autor —en este caso del editor—, sobre las vicisitudes que acompañan a la transmisión o sobre las circunstancias históricas que rodean a la misma publicación.

»Al mismo tiempo, el hecho de que muchos de los prefacios de Aldo vayan dirigidos en forma de epístolas dedicatorias a personajes influyentes del momento, tanto de Venecia como del resto de Italia o de otras naciones europeas, tanto del ámbito humanístico y filológico como del político o eclesiástico —cuando no de todos ellos al mismo tiempo— resultan de una gran relevancia para conocer el momento histórico concreto y para desentrañar la red de contactos que se estableció entre lo más granado de la cultura y la sociedad italianas de la época.

»Como ya hemos dicho, Aldo representa la conjunción perfecta de humanista erudito y sagaz empresario: su pasión por el legado grecolatino o las incontables citas de pasajes de la literatura clásica que llenan sus prefacios se combinan con su gran visión comercial y su convicción de que la impresión de libros académicos —incluso en griego— eran plenamente rentables. El impulso dado por este editor a la recuperación y difusión de un gran número de textos clásicos —y de manera muy especial de textos griegos— constituye un capítulo esencial en la historia cultural del Renacimiento y es una muestra evidente del auge de la actividad libresca en el último tercio del siglo XV, como consecuencia de la invención de la imprenta unas décadas antes.

»Hacemos nuestras las palabras que Giambattista Egnazio escribe en su elogio de Manucio: “Neque enim ulla tam barbara, tam remota gens hodie Europae finibus includitur cui non notissimum Aldi nomen ac celeberrimum fuerit”. Merced a la impecable edición de los prefacios aldinos a cargo de ITRL, tampoco en nuestros días habrá ninguna nación, por muy bárbara o lejana que sea, que no conozca y pondere el nombre y la labor de Aldo Manucio».


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