«He de decir que no somos una editorial que se prodigue demasiado por las redes. Somos, más bien, tímidos»


Gabriel Ramírez
El Correo de Andalucía (@elCorreoWeb)


«“Lo que para una editorial grande es un traspié, para nosotros es un auténtico problema”. Entrevista al editor del sello sevillano Ediciones Vernacci (@edicionvernacci), Rafael Lindem (@lindem75), un romántico del sector que pelea con uñas y dientes por sacar el negocio adelante en plena transformación del mundo editorial».



«Rafael Lindem. / Fotografía cortesía del sr. Lindem».


«Ediciones Vernacci es un sello tradicional, nada de autoedición. Es independiente y en esa casa se hacen las cosas bien.

»Al frente del proyecto está el editor Rafael Lindem, un hombre anclado a la pureza de la literatura y de lo que representa, un soñador que tiene la única intención de encontrar buenas obras y publicarlas.


»¿Cómo ve el panorama editorial indie en este momento?

»En España el panorama editorial nunca ha brillado de forma especial aunque se vende mucho. No sé si se lee en la misma proporción. Pero, desde luego, lo que es seguro es que se edita mucho. Editar es una aventura absoluta y, ahora, en plena pandemia, el mundo editorial está en proceso de absoluta transformación. No sabemos si será para mejor o para peor. Son momentos difíciles aunque se está moviendo el mercado y eso parece buena señal.


»Un sello tan pequeño como el suyo ¿qué posibilidades tiene frente a las marcas más poderosas?

»El único modo que tenemos de hacernos notar entre gigantes (la competencia es una ensoñación) es hacer un uso lo más inteligente posible de la libertad, la libertad de no tener las restricciones que puede tener un sello gigante que maneja más capital aunque arriesga más. Es la única ventaja: ofrecer productos, libros, que escapen a las rutinas de momentos determinados. Formatos y contenidos originales. Esta es la “libertad del pobre”.


»¿Ser una editorial indie es sinónimo de resistencia al precio que sea?

»Sí, en nuestro caso, además, somos nuevos, estamos creciendo. Lo que para una editorial grande es un traspié, para nosotros es un auténtico problema. Y se solventa con ampliaciones de capital, con dinero propio. No hay otras salidas habitualmente.


»¿La pandemia está arrasando o Internet ha servido para salir adelante y se han vendido online todos los libros que no se han colocado en librerías?

»Al llegar al SARS-CoV-2, tuvimos un primer mes de sequía absoluta. La gente tenía la mente en otro tipo de cosas y no se paraba a pensar en comprar libros, iba leyendo lo que tenía pendiente en casa. Pero, después, no resultó que fuera un periodo tan desastroso como teníamos previsto. Se vendió bien en Internet, en las plataformas más poderosas y, ya últimamente, los libreros están haciendo un intento estupendo de reunir fuerzas para la venta en librerías a través de Internet. He de decir que no somos una editorial que se prodigue demasiado por las redes. Somos, más bien, tímidos.


»¿A qué tipo de lector está dirigido vuestro catálogo?

»Comenzamos siendo una editorial para grupos muy reducidos, pero las ventas eran tan escasas que tuvimos que abrir las miras. El producto con el que iniciamos la andadura de la editorial funciona mucho mejor en el mercado anglosajón. Ahora apostamos por un tipo de literatura más aceptada como, por ejemplo, la ficción histórica o la fantasía.


»¿No deberían los editores olvidar la cuenta de resultados al elegir las obras de su catálogo?

»Sigo instalado en la fase romántica e insensata del editor que cree en la calidad de la obra y no piensa en ganar millones de euros al editar. Si algo me gusta apuesto por ello. Me gusta mucho jugar con el formato... No soy un editor que actúe desde el interés exclusivamente crematístico. Quiero que suene la campana, que encontremos algo verdaderamente interesante y nos empuje con fuerza.


»Llega la nueva entrega de So Blonde, Cosas que pasan en la frontera. ¿Por qué deciden apostar por una obra tan dura, tan correosa y que se dirige a la línea de flotación de la moral y de la ética actual, tan enclenques ellas?

»Es una historia muy sucia que nos pareció estupenda para darle el empaque de libro infantil, 24 cm por 24 cm, con un contenido amargo. La idea de publicar relatos fue de ella. Estamos experimentando con los pocos medios que tenemos y propuso esa idea que nos encantó. Queríamos dignificar la figura del relato que en España nunca terminó de cuajar.


»¿Representa bien el espíritu editor de Ediciones Vernacci?

»Absolutamente. Cada idea que me toca el corazón me entusiasma, me hace querer seguir adelante. En este caso me gustó mucho que el relato fuera una bala directa a la frente del lector».


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