«Soy muy beligerante con el discurso victimista de la edición. Editar en España es una maravilla y también algo lleno de dificultades, como en cualquier país», Ricardo Artola, editor de Arzalia



Heraldo de Aragón (@heraldoes), entrevista de Antón Castro


«Igual que se decía aquello de “vive rápido y deja un bonito cadáver” a mí me gustaría vivir lento y dejar un bonito catálogo».




«¿Cuál es el primer libro, o los primeros libros, que le cambiaron la vida?

»Dos libros que mostraban descarnadamente dos hitos de la barbarie humana en el siglo XX: una enciclopedia sobre la Segunda Guerra Mundial, que leía y ojeaba de pequeño en casa de un tío, y donde vi por primera vez las imágenes del Holocausto que me marcaron para siempre. Y Un día en la vida de Ivan Denisovich de Alexander Solzhenitsyn, que me descubrió el Gulag. Digamos que siempre me han interesado y he compadecido a los perseguidos.


»¿Y los que le revelaron los poderes de la Historia?

»No sé si responde exactamente a la pregunta, pero hay historiadores como Simon Sebag Montefiore (pienso, sobre todo, en libros como su biografía de Jerusalén o su Corte del zar rojo) y también un Niall Ferguson, con sus síntesis que abruman por su conocimiento y erudición, pero que tienen un análisis original detrás. Pero son muchos y cualquier selección peca de injusta.


»¿Quiénes son los historiadores de su vida?

»Indudablemente mi padre, Miguel Artola, que, como decía en los agradecimientos de un libro, “me enseñó a pensar históricamente”, es decir, a analizar los acontecimientos pasados y presentes en clave de historia. Y también, por supuesto, Fernando García de Cortázar, con el que he tenido algunos de mis mayores éxitos editoriales y con el que comparto muchas cosas, tanto en términos históricos como morales.


»¿Qué libros le acompañan siempre, o casi siempre?

»Libros de espiritualidad o pensamiento de los que se puede “picar”, como en un aperitivo, para encontrar inspiración o consuelo: Tao Te King, la Biblia, etc. Y también El Quijote, Estrategia de Liddell Hart, etc. En definitiva, clásicos indiscutibles que no fallan.


»¿Qué busca en la historia, en la que escribe, en la que lee y en la que edita?

»En la que edito y en la que escribo aquello que se decía antes de “instruir deleitando” o que los anglosajones, grandes “clasificadores”, llaman “alta divulgación”, en el sentido de estar cuidada, bien escrita y ser divulgativa. En lo que leo, además de lo anterior, me gusta salir de la zona de confort y abordar textos más áridos, pero precisamente por eso, de gran aprovechamiento.


»¿El inicio que más le conmovió o le conmueve?

»El de Ana Karenina de León Tolstoi: “Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera”.


»¿Y el final?

»Pues diría, aunque pueda parecer insólito, el Tractatus de Wittgenstein.


»¿Tiene un personaje favorito de ficción? ¿O varios?

»Aunque los cito en otra respuesta, Stoner es un personaje conmovedor y que, una vez conocido, no te abandona. Y Sinué, que podría ser un compañero de viaje perfecto. Como tantos, en su momento me sedujo León el Africano. Además, tuve la suerte de conocer a Maalouf, porque entonces trabajaba en Alianza Editorial, y de publicarle su brillante Las cruzadas vistas por los árabes. Y tantos otros.


»¿Y uno real convertido en ficción?

»Creo que Alejandro Magno sigue siendo una fuente inagotable de fascinación tanto en su faceta de personaje histórico como en tanto que protagonista de incontables novelas y obras audiovisuales de ficción.


»¿Quiénes son los novelistas históricos que más le apasionan?

»Sin duda Mika Waltari. Su Sinuhé es maravilloso, la única pega es no poder leerlo por primera vez tantas veces como uno quisiera. No sé si cabe calificar a Verne de novelista histórico, pero si lo fuera, desde luego estaría entre los que me apasionan. Amin Maalouf es también un “autor amigo”, en el sentido de que nunca defrauda y siempre nos hace viajar con placer por el pasado y el Mediterráneo.


»¿Qué ensayos históricos o memorias rescataría del olvido?

»Aquí me va a permitir que me reserve esa información para evitar ser imitado por la competencia, que es sagaz y está siempre muy bien informada. Lo que sí puedo es hablar de dos rescates recientes, uno inédito anteriormente y otro casi, Anatomía del valor de Lord Moran, el médico de Churchill y Estrategia de sir Basil Liddel Hart, el capitán que enseñó a los generales, como fue calificado por los militares israelíes.


»¿Los tres últimos libros, más o menos recientes que le hayan conmovido?

»La trenza de Laetitia Colombani; Hambruna roja de Anne Applebaum y Stoner de John Williams.


»¿Colecciona algún historiador, es fetichista?

»No soy fetichista, aunque me gusta tener pequeños recuerdos, sin gran valor material pero mucho sentimental, de mis viajes. No asocio a los historiadores con el fetichismo.


»¿Cuál es el libro o libros de su biblioteca que tienen una historia especial, singular o emotiva?

»Tengo especial cariño por la historia del Atlas de historia de España de García de Cortázar en Planeta. La historia es demasiado larga para resumirla aquí, pero básicamente conseguí hacer un libro (como editor) que podría haber sido ruinoso, casi gratis, aprovechando los recursos de otra división del grupo. Me decían: no lo intentes, pero, afortunadamente, en este caso me hice el sordo y me tocó el gordo. Creo que va por la séptima edición.


»¿Ha hecho más locuras por amor o por la edición?

»Soy muy dado a ambas cosas. Realmente quizá he hecho más cantidad por la edición, pero más gordas por amor.


»¿Hay una cita o un fragmento de un libro que le defina o que le guste especialmente?

»“Ser capaz de decir 'no' a los tuyos es una cuestión de honestidad intelectual y de coraje. Decir ‘no’ cuando todos dicen 'sí' es lo más difícil. Sobre todo, a los tuyos”. Es de algún libro de Javier Cercas.


»¿Dónde lee, en qué soporte, en qué momentos al día, cuánto tiempo?

»Leo en todas partes. En casa tanto en la cama (por las noches) como en un sofá. Cuando voy en transporte público, de pie o sentado según haya plazas libres. Y me gusta mucho leer en la playa en verano. Creo que conjuga dos de los grandes placeres de la vida. Soy muy partidario del formato electrónico de los libros, que tiene indudables ventajas, por lo que, además de en papel, también tengo un par de aparatos electrónicos y he leído muchos ebooks.

»Como editor me toca leer por trabajo y como ciudadano leo por placer, por lo que lo hago a cualquier hora del día o de la noche. Supongo que leo varias horas, pero tampoco las he contado. Lo que me encanta es poder “triturar” un libro, sobre todo una novela, en dos o tres días (una grande, se entiende).


»¿Que debe tener un original para que sea publicado por Arzalia?

»Una de dos: ser relevante por lo que cuenta (inédito, tratado de forma original, como resultado de una investigación exclusiva, etc.) o tratarse de “alta divulgación”. En ambos casos debe tener lo que García de Cortázar siempre llama “voluntad de estilo”, que cabría rebajar diciendo que esté (muy) bien escrito. Solo eso.



Ricardo Artola, editor de Arzalia. Archivo Arzalia.



»¿En qué consiste leer?

»Es algo que estudian en profundidad diversas ramas del conocimiento, pero, para mí, leer es una necesidad, como otras tantas imprescindibles de la vida: respirar, comer, amar y ser amado, etc.


»¿Cómo nos explicaría qué tipo de editor quiere ser?

»Igual que se decía aquello de “vive rápido y deja un bonito cadáver” a mí me gustaría vivir lento y dejar un bonito catálogo. Fantaseo con la idea de que, cuando esté muerto, los lectores del futuro se encuentren, en las librerías de lance, con algún libro editado (o escrito) por mí y valoren el cuidado y el cariño con el que se publicaron.


»¿De quién ha aprendido el oficio? ¿Quiénes son sus editores favoritos?

»Inevitablemente tengo que citar a Francisco (Quico) Cortina, un editor muy poco conocido pero cuya labor de décadas en Alianza Editorial está por reivindicar. Yo aprendí de él simplemente viéndole en acción, que es, supongo, como se aprende de un maestro.

»Posteriormente ha habido dos editores de raza, a los que he tenido la inmensa suerte de tratar y que me han enseñado e inspirado: Enrique Murillo y Gonzalo Pontón.


»¿Qué le debe a su padre, Miguel Artola?

»Aparte de cuestiones obvias, ya he comentado que me enseñó a analizar el pasado, e incluso el presente, según unas claves interpretativas que me han ayudado mucho en la vida. En otro plano me inspiró su generosidad en lo material y su incapacidad para hablar mal de nadie.


»Mariano José de Larra decía que escribir en España era llorar. ¿Qué es editar en España?

»Soy muy beligerante con el discurso victimista de la edición. Editar en España es una maravilla… y también algo lleno de dificultades…, como en cualquier país.

»Hay una cita de Diderot (¡de 1746!) que dice algo así: “al final, de cada diez libros editados hay uno, y ya es mucho, que tiene éxito, cuatro con los que, a la larga, se cubren gastos y cinco con los que se pierde dinero”. Parece, pues, que las dificultades de la edición ni son recientes ni son locales.


»Ha publicado varios libros. ¿Qué historiador quiere ser o querría ser?

»Esta es una faceta de mi vida de la que me siento muy satisfecho y realizado. Es marginal en mi trayectoria, pero me alegro mucho de haberla emprendido y continuado. Creo que hago lo mismo que exijo a los demás: tener una voluntad de estilo y hacer alta divulgación (en mi caso no he podido abordar la investigación por tener otras dedicaciones).


»¿De qué libros, como editor, se siente especialmente orgulloso?

»Ufff, la verdad es que son muchos. Mi carrera está indisolublemente ligada a Fernando García de Cortázar. Su trilogía Breve historia de España, Viaje al corazón de España e Y cuando digo España, están para mí en lo más alto de mi carrera como editor. Sin él mi trayectoria editorial hubiera sido muy distinta.

»Y luego mencionaría los muchos libros ilustrados que he publicado en mi vida, una parte nada desdeñable auspiciada por mí. Mi padre decía que lo de “una imagen vale más que mil palabras” es mentira, que, por el contrario, “se necesitan mil palabras para explicar una imagen”. Supongo que eso me inspiró para publicar libros ilustrados, que son doblemente difíciles por razones obvias y que no siempre tienen el eco que merecen para el esfuerzo que conllevan.


»¿Cómo diría que se lleva España con su historia?

»Yo creo que hay un interés genuino y bastante generalizado por la historia, lo que ocurre es que, incomprensiblemente, cierto tufo a leyenda negra sigue sobrevolando nuestras cabezas y condiciona la relación con nuestro pasado. Y probablemente España sea uno de los países que tiene en su seno más impugnadores de la nación».


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